lunes, 27 de junio de 2016

La importancia de masticar

En esta apresurada vida muchas veces hacemos de lado cosas que tienen gran importancia por lo simples que son, sin darnos cuenta del gran impacto que éstas tienen en nuestra vida.  Una de ellas es el arte de masticar.
Si bien es cierto que somos lo que comemos, también lo es que somos lo que asimilamos.  Si comemos sanamente tenemos resuelta una parte de la ecuación, pero la otra parte, igualmente importante, es cuánto asimilamos de ese alimento.
La digestión es el proceso mediante el cual los alimentos se transforman en sustancias más sencillas que sean asimilables para nuestro organismo.
A nivel fisiológico: la correcta masticación es importante porque al mezclarse el alimento con la saliva empieza el trabajo digestivo: la saliva contiene algunas enzimas, principalmente la amilasa, que ayuda a desdoblar los almidones en moléculas más sencillas.  De la misma manera, pensemos que el estómago no tiene dientes, y que tragar pedazos grandes de comida puede provocar que éstos no alcancen a digerirse del todo, y pueden quedar atascados en nuestros intestinos; y, por ejemplo, ¿qué pasa si dejas la comida a la interperie en un ambiente cálido y húmedo? Seguramente empieza a oler mal, a descomponerse, a podrirse… ¡pues exactamente eso es lo que pasa en los intestinos cuando la comida no puede digerirse correctamente! Y esa descomposición es la causa de muchos malestares como los gases, la distención y la pesadez,  síntomas que desgraciadamente tomamos como algo normal. Por lo tanto, la correcta masticación en un requisito indispensable (aunque no el único) para una correcta digestión.
A nivel energético: todos los alimentos contienen prana (energía vital, chi para los chinos), y así como al respirar absorbemos prana del aire, cuando comemos absorbemos prana por la boca: mientras más tiempo retenemos el alimento en la boca, más prana absorbemos.  Yogui Ramacharaka, en su libro “Hata Yoga” nos dice que lo más importante para los yoguis a la hora de comer es el masticar los alimentos despacio, con conciencia.  Que se debe masticar el alimento hasta que sea totalmente líquido en la boca y vaya desapareciendo poco a poco.  Que mientras el alimento tenga sabor, tiene prana que podemos absorber, y esto sólo sucede en la boca. 
Así que te propongo el siguiente ejercicio (de preferencia realízalo en un momento en que te encuentres sólo, y en calma): Toma una porción pequeña de algún alimento que te guste, y mastícalo aproximadamente 100 veces (claro, pueden ser más ó menos, dependiendo del alimento: menos si es alguna fruta, ó más si es algún alimento con almidón ó carne).  Observa mientras lo masticas cómo cambia su consistencia, siente y disfruta al máximo su sabor,  observa si ya se deshizo por completo ó aún quedan trozos un poco enteros (piensa que debe quedar totalmente líquido).  Nota que poco a poco va desapareciendo de tu boca sin que tengas que tragarlo conscientemente.
Si logras comer así todo el tiempo, no vas a tener que preocuparte por comer en exceso, empezarás a intuir qué alimentos y en qué cantidades necesitas, y tu cuerpo se mantendrá en su peso natural.  Incluso puedes darte un gusto de vez en cuando con algún postre: Verás que si lo comes así no puedes comerte más que una porción muy pequeña. ¡Disfruta comiendo!

Namasté

domingo, 17 de enero de 2016

Mi experiencia con la dieta crudivegana


¡Hola!  J Hoy quiero contarles que hace como año y medio empecé con una dieta basada en frutas, verduras y algunas semillas.  Me sentía muy bien, muy ligera,  mejoraron mis padecimientos gástricos (yo diría que en un 80%), y bajé de peso como nunca antes en la vida.  Estuve comiendo así alrededor de 8 meses.  Lo que no me gustaba era que se me caía el pelo un poco más que de costumbre, y tenía el estómago perennemente inflamado, por lo que era como una cuerda con nudo: muy flaquita, pero panzona.  Esto me llevó a seguir estudiando más a fondo sobre el tema de  nutrición, por lo que decidí certificarme como coach de salud en el Institute for Integrative Nutrition de Nueva York.  Por lo tanto, empecé a leer a muchos autores de teorías dietéticas, todos muy distintos.  Lo más importante que aprendí aquí es el concepto de la alimentación primaria: es todo lo que nos alimenta a un nivel físico, emocional ó espiritual que no viene en un plato, como el ejercicio, el dormir bien, la calidad de nuestras relaciones, si tenemos un trabajo gratificante, nuestra actitud ante la vida, etc.  Durante el curso tuve catarsis de emociones guardadas y sofocadas por tanto tiempo, por lo que acudí a la comida como refugio y consuelo.  Claro que era muy consciente del daño que me hacía cada vez que me atascaba de pan, postres, tortillas… pero era incontrolable.  Las personas con alguna adicción, ya sea a la comida ó a otras cosas podrán entenderme.  Subí alrededor de 14 kg de peso, algunos problemas gástricos regresaron, sentía las piernas pesadas, y me dolían algunas articulaciones de los dedos de las manos por las mañanas; además me sentía cansada todo el tiempo, no lograba despertarme temprano para hacer mi práctica de yoga, y estaba de mal humor bastante seguido.  Yo sabía que todo esto era debido a mi forma de comer desordenada, pero no podía parar, siempre era el típico “ya mañana (ó el lunes) empiezo con X ó Y dieta”.  Incluso una temporada que estuve leyendo varios libros de Geneen Roth,  me decía a mi misma que no estaría a dieta nunca más, que no había por qué comer como si no fuera a haber un mañana y que sólo comería cuando tuviera hambre y sólo hasta que estuviera saciada… nunca lo lograba y terminaba comiendo hasta que no podía más y aunque no tuviera hambre.   Lidié con muchísimas emociones, y me sentía como una bola de nieve que va cayendo por una pendiente, haciéndose más grande y sin que hubiera manera de frenarla.  Empecé a meditar, a rezar, y a practicar la gratitud.  Hice una especie de reto a mí misma, de que cada vez que me quejara de algo, lo cambiaría por expresar gratitud por algo… y siempre tenemos algo por lo que estar agradecidos, sólo que preferimos enfocarnos en lo que queremos y no tenemos, ó en lo que tenemos y no queremos.  

Y un día me vino el pensamiento: “¿por qué si te sentías tan bien comiendo crudo, dejaste de hacerlo?”  y me vino una oleada de respuestas (ó pretextos, no sé): “pues era difícil socializar, era cansado cargar con mi comida a todos lados, se me caía el pelo, me daba mucho frío, según los chinos y los hindúes no debemos de comer crudo, según Marc Hymann y otros varios no debemos de comer frutas porque son dulces, me encanta la comida tradicional mexicana, etc, etc, etc”… y esa vocecita contestó: “sin embargo te sentías mil veces mejor que ahorita…”   ¡Y era toda la verdad!
Entonces decidí empezar otra vez una dieta crudivegana, en versión baja en grasas, a pesar de que me parecía una aberración en medio del pleno invierno;  algo dentro de mí empujó en esa dirección.  Apenas llevo poco más de una semana, y mi ansiedad por comer se ha ido por completo.  Puedo llevar a cabo perfecto la premisa de “come sólo cuando tengas hambre”  y la de “come hasta que te sientas satisfecho, no totalmente lleno”.  Tengo mucho más energía, me he levantado temprano sin problema a practicar yoga, y hasta mi esposo me dijo que me encuentra de mejor humor. Mis dolores matutinos en las articulaciones de los dedos desaparecieron, mis piernas ya no se sienten pesadas, y ya comencé a bajar de peso. También de gran importancia es mencionar que tuve mi primera menstruación después de casi tres años.  Y lo más importante y que me tiene muy contenta es que puedo meditar mejor y rezar se ha vuelto una experiencia maravillosa.  Además he mejorado mucho en mis intentos por vivir en el presente, en vez de estar continuamente preocupada por el futuro ó lamentándome por el pasado.  Expertos coinciden en que saber vivir en el presente es el elíxir definitivo contra el estrés, que a su vez es el causante de casi todas las enfermedades.
    
¿Y antes por qué no me había percatado de esto? ¡Esto hubiera sido una razón de peso suficiente para seguir comiendo así por todo el tiempo que hubiera sido necesario! Cuando empecé a cambiar mis hábitos alimenticios, sólo cambié eso, y mi meta era estar más delgada, más saludable… y ya.  Pero no hice nada por cambiar mi mente, mi conciencia (obvio no meditaba ni rezaba). Comía según las especificaciones de un libro, sin escuchar mi cuerpo, y comía mucho más de lo que verdaderamente necesitaba.  Cuando comemos más de lo estrictamente necesario, aunque sean alimentos naturales de la mejor calidad, sacamos a nuestro cuerpo de balance, y un cuerpo fuera de balance por períodos prolongados se convierte en un cuerpo enfermo.

¿Por qué cuando comía la comida “normal” que come todo el mundo, por más buena voluntad que tuviera yo no podía comer sólo cuando tenía hambre y dejar de comer a la primera señal de saciedad?  En varios libros de autores destacados como Néstor Palmetti nos explican que la comida cocinada, procesada, refinada, muy condimentada nos provoca una respuesta a nivel  neuronal muy similar a la que nos ocasionan las drogas.  Eso sí, habemos personas más sensibles que otras a estas respuestas, de la misma forma que hay quienes no tienen problema de tomar alcohol en cantidades moderadas ocasionalmente y hay quienes una vez que lo prueban ya no pueden parar y se vuelven alcohólicos.  Les prometo escribir después con más detalle un artículo completo acerca de esto.
Por lo pronto me despido, no sin antes darles las gracias por leerme.  Seguiré compartiendo mi experiencia en este camino a la sanación del ser.  Me encantaría que si tienen tiempo me dejen un comentario sobre lo que les pareció este pequeño artículo.  Si tienen dudas con gusto se las resuelvo.  Los dejo con dos frases célebres:

 “No mojes nunca tu pan ni en la sangre ni en las lágrimas de tus hermanos. Una dieta vegetariana nos proporciona energía pacífica y amorosa y no sólo a nuestro cuerpo sino sobre todo a nuestro espíritu. MIENTRAS LOS HOMBRES SIGAN MASACRANDO Y DEVORANDO A SUS HERMANOS LOS ANIMALES REINARÁ EN LA TIERRA LA GUERRA Y EL SUFRIMIENTO Y SE MATARÁN UNOS A OTROS, PUES AQUEL QUE SIEMBRA EL DOLOR Y LA MUERTE NO PODRÁ COSECHAR NI LA ALEGRÍA, NI LA PAZ NI EL AMOR”
Pitágoras.

“La alimentación de los hombres superiores está basada en frutas y raíces crudas”

Miguel de Cervantes

jueves, 3 de diciembre de 2015

Reconectar con nuestra Esencia

Definitivamente mientras más estudio cualquier fenómeno natural, desde el funcionamiento del cuerpo humano ó de cualquier ser vivo hasta la interacción de cada uno de ellos dentro de un ecosistema, ó los sistemas solares, las galaxias, las estrellas… el universo en general, más creo en la fuerza creadora que hay detrás de todo ese orden tan complejo, llámesele a esta fuerza como se le quiera llamar (Dios, Inteligencia Divina, Arquitecto del Universo, Creador, etc).  Y en mi camino de búsqueda personal, mi deseo de solucionar mis problemas existenciales me ha llevado a estudiar, observarme, preguntarme porqués, y por ahora he llegado a la conclusión de que todos esos problemas tienen su origen en que vivo en estado de desconexión con esa Fuerza, que vivo queriendo alimentar al ego, que es el que nos mantiene desconectados de Ella.
Creo que todos  los seres vivos (excepto la mayoría de los seres humanos) están intrínsecamente conectados con la Divinidad.  A los animales nadie les dice qué, cuánto y cómo comer, a dónde emigrar, cómo cazar, etc… todo lo hacen por instinto, ¡y es maravilloso con qué exactitud realizan lo que es necesario para su supervivencia!, instinto del cual nosotros como seres humanos nos alejamos cada vez más y más, y estamos pagando un precio muy alto.  Viviendo en ese estado de desconexión generamos un vacío, que queremos llenar con comida, drogas, alcohol, café, tabaco, sexo, dinero, fama, etc.  Y mientras más de todo esto tenemos, más queremos y nunca estamos conformes.  En mi caso, por ejemplo, este vacío lo he querido llenar principalmente con mi obsesión por la comida, ya sea en el modo de ser la más disciplinada de las disciplinadas y seguir estrictamente las reglas de “X” ó “Y” corriente dietética (baja en grasas, baja en carbohidratos, baja en calorías, vegana, crudivegana estricta, etc) y estar muy delgada  (nunca conforme), ó en el comer desordenadamente, dándome atracones de comida, sintiéndome culpable y mal físicamente por comer tanto, y con sobrepeso y la autoestima por los suelos.  Toda mi vida he pasado de uno a otro estado; tengo fotos en donde peso 70 kg, y otras en donde peso 48 kg.  Y sé que muchísima gente se encuentra en las mismas.  Y el más grande error que cometemos es insistir en sólo enfocarnos en arreglar nuestra situación con la comida y el peso, prestando atención a cada gramo que se sube ó se baja, planeando dietas por hacer, fantaseando con que cuando seamos delgados todo en nuestra vida se solucionará, y cuando llegamos a alcanzar nuestra meta del peso ideal éste se nos esfuma de las manos y volvemos a ganar el peso perdido en cuestión de unas pocas semanas, para volver a iniciar con el círculo vicioso.  ¿Por qué?  Porque nuestro verdadero problema se encuentra mucho más allá de todo esto, porque todo ese terrible ciclo de sufrimiento es un efecto, que tiene su causa en lo más profundo de nuestro Ser.
Necesitamos re-conectarnos.  Aprender a escuchar a cada una de nuestras células, observar nuestro cuerpo, conocerlo a fondo. Si en verdad estamos atentos a los mensajes que nos envía nuestro sabio cuerpo, y sólo comemos cuando tenemos hambre y paramos de comer cuando ya estamos satisfechos (no llenos hasta el tope), el sobrepeso se desaparecerá por sí mismo, y esto lo sé por experiencia propia.  Cuando hemos aprendido a observar el cuerpo a fondo, entonces también aprenderemos a observar nuestra mente. Tarea bastante compleja (paradógicamente también, pues podría pensarse que lo más sencillo del mundo es conocer nuestro propio cuerpo y nuestra mente).   Nuestro cuerpo y nuestra mente es lo que tenemos más próximo  y es el medio que nos va a ayudar a conectarnos con la Inteligencia Divina que reside en todos y cada uno de nosotros. Los que tenemos problemas de desórdenes alimenticios (ya sea comer compulsivo, anorexia, bulimia, ortorexia), es precisamente ese problema el que nos va a dar la llave para reconectar.  Para nosotros la comida es nuestro maestro, ya que hasta que no abordemos el problema desde su raíz, seguiremos peleando por conseguir el “peso ideal” inalcanzable, ó el estado de salud perfecta,  ó pensando que ya no tenemos remedio, que somos unos débiles de voluntad y que ni caso tiene el esforzarse por estar sanos y delgados.
Solamente abordando el problema desde nuestro vacío espiritual podremos solucionar de manera total nuestra relación con la comida, que va de la mano con otros aspectos de nuestra vida con los que estemos atorados y nos generen sufrimiento. 

Trabajemos para conectar con lo divino, para encontrar paz y felicidad en nuestras vidas, para llenar ese vacío que genera tanto sufrimiento.  Cada quien tiene su propio camino.  Observa, escucha, siente, ama y agradece para encontrar el tuyo.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Sobre sentirnos satisfechos

¿Qué es el estado de satisfacción?  Es un estado que creemos conocer, un estado que perseguimos todo el tiempo, y sin embargo, es un estado que cuando lo llegamos a alcanzar resulta demasiado efímero.  El ser humano es un ser constantemente insatisfecho, y eso no es del todo malo ya que eso es lo que en el plano material lleva a la humanidad a progresar: nunca estando satisfechos con lo que se tiene, vamos creando cada vez más cosas, por ejemplo: No estando satisfechos con caminar ó correr el hombre echó mano de los caballos u otros animales para poder llegar más lejos; al no estar satisfecho con eso inventó los vehículos con ruedas para ser tirados por los animales más rápidos, y después no satisfecho con eso, inventó los vehículos motorizados, y no satisfecho con eso inventó los vehículos voladores, y no satisfecho con eso inventó los cohetes para llegar todavía más lejos…  Y así, con todo.  El hombre es el único del reino animal que mientras más tiempo pasa más necesidades tiene.  Y como prueba basta un botón: nuestros abuelos vivían sin problemas sin teléfonos, computadoras, internet, y tanta tecnología de punta  que ahora es más que indispensable.  Los antiguos egipcios, griegos, mayas, aztecas, todos construyeron grandes obras de ingeniería sin la maquinaria que ahora resulta absolutamente indispensable para cualquier construcción, por sencilla que sea.
Entonces, por ese lado, parece que la constante insatisfacción del hombre es algo muy bueno en el plano material, pero… ¿qué pasa en el plano mental, energético, y espiritual?
Alguna vez leí (no recuerdo la fuente ni el autor) que cuando el hombre busca la satisfacción a base de riqueza material, es como si quisiera saciar su sed con agua de mar: mientras más tiene, más quiere y más necesita, y nunca va a saciar su sed, al contrario, mientras más toma más deshidratado queda.  Por lo que nunca puede sentirse satisfecho a base de riqueza material. Nuevamente para muestra basta un botón: Michael Jackson, Elvis Prestley, Y muchísimas personas que alcanzan el éxito, la fama y la riqueza que todos soñamos con conseguir algún día… y sin embargo murieron completamente insatisfechos. 
Y ¿no es estar satisfecho igual a estar feliz ó estar en paz?  ¿no es estar en paz y felices nuestra meta última?  Y si no lo es… ¿entonces para qué tanto esfuerzo por conseguir más y más? Tal vez estamos errando el camino para llegar a esta meta de felicidad y satisfacción plena.
Dice el segundo principio hermético (principio de reciprocidad): “como es arriba es abajo, como es abajo es arriba”.  Aplicando este principio al tema de satisfacción: este estado de insatisfacción a nivel material se ve reflejado en otros aspectos de nuestra vida, como el comer.  Los que tenemos el problema de comer de manera compulsiva precisamente comemos de esa forma porque nunca nos sentimos satisfechos (al menos en mi caso, aunque mi estómago se sienta “lleno” hay algo en mí que me pide más y más, y que quisiera poder comer todo el día si esto fuera  físicamente posible).  Hay personas que reflejan el estado de insatisfacción en su relación con las drogas, el alcohol, el sexo, el trabajo, etc.
Y creemos que seremos felices y estaremos por fin satisfechos cuando logremos aquello por lo que estamos trabajando: estar delgados, estar saludables, llegar a unos Juegos Olímpicos, terminar un maratón, tener una cantidad determinada de dinero en el banco, tener “X” número de propiedades, lograr el puesto anhelado, ó lo que sea.  Y muchas veces llegamos a esa meta, nuestra satisfacción dura unos minutos, horas, tal vez días… y luego se esfuma, otra vez la insatisfacción, otra vez el vacío.  No sé si les pase a ustedes, pero yo  con todo esto como un hámster que corre en su rueda a toda velocidad sin llegar jamás a ningún lado.
Ayer vi una película de Wayne Dyer: “El cambio”, en la que nos explica que todos los maestros espirituales coinciden en que el estado de plenitud y felicidad es algo que se encuentra dentro de nosotros.  Es el estado al que se llega cuando logramos conectar con nuestra esencia, con nuestra fuente, con Dios.  Cuando actuamos desde el corazón, desde este estado de conexión con la fuente, entonces todo lo que hagamos será pleno, estará alineado con nuestro dharma (la misión que la divinidad nos asignó para llevar a cabo en este mundo material), y entonces estaremos felices sólo con el “hacer”, cualquiera que sea nuestra misión, y estaremos desligados del fruto de nuestro esfuerzo, ya que simplemente  hacer lo que estamos destinados a hacer nos llena de satisfacción, y no necesitamos nada más.

Los que somos comedores compulsivos, o tenemos cualquier otra obsesión por la comida, tenemos en ella a nuestra maestra, es el indicador de cómo estamos a niveles más profundos del ser.  Si sentimos la necesidad de comer mucho más de lo que verdaderamente necesita nuestro cuerpo para funcionar correctamente, ó estamos pensando todo el día en comer correctamente, en contar calorías, en seguir estrictamente  un plan aunque nuestro cuerpo nos pida a gritos otra cosa,  todo ello es un reflejo de que vamos por la vida desconectados de nuestro cuerpo, de nuestra mente y, por supuesto, de nuestra alma; de que estamos buscando la satisfacción en lo material, de que vivimos bajo la influencia del ego.  La comida es la que nos indica que es el momento de conectar con nosotros mismos, de reencontrarnos, de buscar a Dios, a la energía universal ó como quieran llamarle.  En cuanto encontremos ese estado de plenitud, todo lo demás vendrá solo, y seremos capaces de escuchar a nuestro cuerpo, que tiene la capacidad de saber exactamente qué, cuánto y cuándo comer; sólo entonces viviremos en felices y en paz.

domingo, 18 de octubre de 2015

Conectando con nuestro alimento

Comer es uno de los mayores placeres de la vida.  El motivo principal de comer es la supervivencia.  Pero… ¿en verdad comemos sólo cuando tenemos hambre?, ¿de verdad disfrutamos de nuestra comida, la saboreamos, la amamos?   La respuesta parece simple.  Sin embargo, creo que en nuestra época, más que nunca, el ser humano come de manera muy inconsciente, y no disfruta de verdad la comida.  Ni qué decir sobre las cantidades: comemos el doble, el triple, ó mucho más de lo que realmente necesitamos para subsistir.

Una de mis películas favoritas es Ratatouille.  Y una escena en particular se me quedó muy grabada: cuando el crítico y experto gourmet Anton Ego se presenta con Linguini y éste le dice que es muy delgado en comparación con lo que le gusta la comida,  Ego contesta: “no me gusta la comida, la Adoro… y no me la trago, sino La adoro”.  Tal vez no nos guste reconocerlo, pero son muy pocos los que tienen esta actitud hacia la comida, de lo contrario el sobrepeso, la celulitis y las enfermedades derivadas del comer en exceso y mal serían un caso raro.  En mi humilde opinión, en vez de buscar la dieta perfecta, ó la píldora que solucione nuestros problemas de sobrepeso, ó  querer ejercitarnos 2, 3, 4 horas diarias los 365 días del año por el resto de nuestras vidas para no engordar, deberíamos cambiar nuestra actitud y conectar con nuestra comida.

Creemos que disfrutamos de la comida, pero no es así:
1-       Todos llevamos prisa casi siempre.  Cuando comemos con prisa apenas masticamos la comida, y no nos damos cuenta ni a lo que sabe.  ¿Cuántos podrían decir que con probar un bocado pueden detectar exactamente qué ingredientes tiene cualquier cosa que estén comiendo? (suponiendo que no sea una comida simple de uno, dos ó tres ingredientes).  Ni qué decir si vamos comiendo en el coche ó en cualquier medio de transporte, comemos parados ó incluso mientras vamos caminando. ¿En verdad estamos atentos a lo que estamos comiendo?
2-      No nos gusta comer solos, y si lo hacemos, entonces necesitamos tener enfrente la televisión, un libro, el teléfono, la computadora, el periódico, la caja del cereal… cualquier cosa con la que distraernos y no prestar atención de verdad a la comida. Cuando estamos acompañados estamos inmersos en la plática, y no prestamos tanta atención a lo que estamos comiendo.
3-      Pocas veces cocinamos y comemos alimentos de verdad  (el echar el cereal a la leche no es cocinar, ni prepararse un sándwich, ni meter al micro la comida congelada), por lo tanto, en la mayoría de nuestras comidas ni siquiera sabemos los ingredientes exactos de lo que estamos comiendo. Y si leen con detenimiento los ingredientes de ese pan integral “sanísimo” con el que se hacen el sándwich y los de la pechuga de pavo maravillosamente “sana” con que lo rellenan, se podrá dar uno cuenta de que estamos ingiriendo cualquier cantidad de químicos e ingredientes desconocidos.
4-      Damos por hecho que siempre tendremos comida de manera fácil y rápida, y muy poca gente agradece antes de comer y se detiene un poco a pensar en todo el proceso por el que pasaron los insumos para llegar a nuestra mesa (desde la siembra, el cuidado de la cosecha, los transportistas que trabajaron para llevar el insumo cerca de nosotros, etc).
5-      Tenemos el paladar adormecido por el consumo en exceso de sal y azúcar refinada que contienen todos los alimentos industrializados, por lo que si al comer no sentimos un golpe fuerte de dulce ó de salado, la comida no nos sabe… perdimos la capacidad de percibir el sabor característico y natural de cada alimento.  Muy poca atención ponemos a la textura del mismo.

Si comemos con la misma atención y actitud con que los expertos catan el vino, ó el café, ponemos en marcha los procesos naturales del cuerpo de saber exactamente qué alimento y en qué cantidad necesitamos.  Observen a un niño pequeño comer (sin estarlo apurando).  Come con verdadero placer, mantiene el alimento muchísimo tiempo en la boca, y puede tardar media hora en terminar una galleta.  Yo creo que ¡Esa es la manera de comer en que la naturaleza programó al hombre! 

Todos aquellos que comemos compulsivamente sabemos que una de las características principales de los atracones es comer demasiado de prisa, sin importar la calidad del alimento, y mientras menos tengamos que detenernos a prepararlo, mejor.  Si comemos despacio, masticando cada bocado hasta que éste sea completamente líquido en nuestra boca, nos detenemos a analizar el sabor, la textura, el movimiento de la lengua acariciando el alimento, es prácticamente imposible comer de más. Alguna vez conocí a un entrenador de judo japonés, que me contó que los luchadores de sumo deben comer siempre con algo enfrente para distraerse, para que no pongan atención a la comida mientras comen, y así puedan comer mucho más…¡Eso es lo que hacemos todos todo el tiempo!

Yo creo que el éxito que ha tenido el estilo de vida de la macrobiótica para curar tantas enfermedades y bajar de peso a tanta gente se debe a que una de las principales normas es que cada bocado se debe de masticar alrededor de 50 veces… ó 100 si se quieren los resultados espectaculares más rápido (eso lo dice George Oshawa en su libro “El zen macrobiótico”).


Somos parte del reino animal.  Es sorprendente cómo todos los animales en estado salvaje saben perfectamente qué y cuánto comer de manera instintiva, y no creo que el hombre sea la excepción.  Lo que pasa es que vivimos desconectados de nuestra esencia, de nuestro cuerpo, de nuestros instintos.  Cuando dejemos de escuchar a nuestra mente (en relación con la comida) y aprendamos a escuchar a nuestro cuerpo, a prestar total atención cuando estamos comiendo, y disfrutar al máximo cada bocado, entonces seremos capaces de saber instintivamente qué y cuánto hemos de comer.


Si tienes algún comentario respecto al artículo, me encantaría leerlo.  Escríbelo en la parte de abajo.  ¡Gracias!

domingo, 4 de octubre de 2015

¿Por qué enfermamos?

Hasta hace algunos años se tenía la idea de que enfermábamos por la mala suerte de ponernos en el camino de lo siguiente:
a)      Algún virus ó bacteria
b)      Algún gen maligno que nos heredaron
c)       Por abusar del alcohol ó las drogas
d)      Algún accidente
e)      Simplemente mala suerte
Diferentes estudios recientes han demostrado que esto no es del todo cierto (sin ser éste el caso de los accidentes, aunque yo tengo la hipótesis de que éstos tampoco son sólo mala suerte y que los atraemos debido a algún estado negativo de la mente… pero bueno, de esto todavía no hay pruebas científicas).
En cuanto a los virus ó bacterias: definitivamente son uno de los factores que nos provocan enfermedades, pero no son el único ni el más importante, y me ha dado por imaginarme que si los virus ó bacterias fueran tan determinantes en nuestro estado de salud, el ser humano se hubiera extinguido hace muchísimo tiempo.  Todo el tiempo estamos conviviendo con microorganismos, no podemos vivir en una burbuja en donde éstos no existan, por más desinfectantes, que utilicemos.  Además, estudios recientes han mostrado que el  cuerpo humano posee un mayor número de microorganismos que de células, y que estos microorganismos juegan un papel vital para mantenernos sanos y combatir enfermedades. Cuando nosotros enfermamos debido a un virus ó bacteria, éstos no son más que la gota que derrama el vaso.  (Es por eso que si un grupo de personas se exponen al mismo medio ambiente con la misma cantidad de virus ó bacterias, algunos enferman y otros no.)  Pero entonces, hablando metafóricamente… ¿qué es lo que hace que el vaso (nuestro cuerpo) esté tan lleno que sólo una gota de agua (el virus ó bacteria que entra a nuestro cuerpo) lo derrame?   Es la situación en la que se encuentra nuestro organismo.  Cuando nuestro organismo está desequilibrado (se encuentra acidificado, con la flora intestinal dañada, mal nutrido y con el sistema inmunológico deteriodado), es un caldo de cultivo excelente para todo tipo de microbios dañinos.  Si un virus entra y todos nuestros sistemas están en equilibrio (ligeramente alcalino, la flora intestinal intacta, bien nutrido y el sistema inmunológico fortalecido), éste no encuentra su ecosistema ideal para sobrevivir y muere. 
En cuanto a los genes, todos tenemos una predisposición genética a ciertas enfermedades, pero hay situaciones que pueden activar ó desactivar los genes, y ¿adivinen qué? Que exactamente como expliqué con los virus ó bacterias, las condiciones en las que se encuentran nuestros sistemas pueden activar o desactivar el gen que nos predispone a cierta enfermedad. 
El abuso de alcohol y de drogas tiene una predisposición genética importante, pero también tiene que ver con un desequilibrio, tanto a nivel físico como a nivel emocional.
Por lo tanto, lo que es realmente importante a la hora de mantener nuestra salud es mantener el equilibrio interno de nuestro organismo.  Para ello es súper importante el llevar una alimentación adecuada, hacer ejercicio, aprender a manejar el estrés, dormir lo suficiente, y algo muy importante: mantener una actitud positiva hacia la vida.  Cuando estamos estresados, enojados, quejándonos y lamentándonos, criticando a los demás ó a uno mismo, cuando tenemos rencores y envidias se crea un estado interno de acidosis y toxicidad (aun llevando la mejor de las dietas), lo que nos lleva a que, después de muchos años bajo estas circunstancias, el cuerpo sea también un caldo de cultivo ideal para todo tipo de enfermedades.  Los invito a investigar sobre  “Los mensajes del agua” del dr. Masaru Emoto, en donde explica la fuerza que tienen nuestros pensamientos y nuestras intenciones en todo nuestro Ser.
Somos cuerpo, mente y espíritu, y tenemos que aprender a equilibrar estos tres aspectos. 

Me despido con una cita que alguna vez leí (desgraciadamente fue hace mucho y ya no recuerdo en dónde me la topé): “el ser humano cuando tiene salud la descuida  por ir en busca de riquezas… riquezas que al final de la vida tiene que gastar en el intento de recuperar la salud perdida”.

jueves, 1 de octubre de 2015

¿Por qué vegetariana?

Quiero compartirles un poquito de mi historia, empezando con el por qué decidí ser vegetariana. Todo inició un buen día que me fui de pinta con unos amigos de la ESEF (Escuela Superior de educación física) a comer tacos de carnitas.  A pesar de que desde niña me sentía más inclinada a preferir platillos sin carne (por ejemplo: siempre prefería unos sopes a unos tacos, ó un plato de espagueti a una carne asada), como en mi familia comían de todo y mucha carne, pues crecí comiendo carne.  El día de la pinta con los amigos era de lo más normal, y pues iba con toda la disposición de comer tacos, pero cuando llegamos al local me encontré con que ahí mismo estaba el cerdo muerto y estaban quitándole la piel.  La escena me impactó demasiado, no quise pedir tacos y me crucé la calle para comprarme mejor un yogurt y una barrita en la tienda (ahora sé que tampoco son opciones muy saludables, pero, bueno… en ese entonces yo no tenía idea de muchas cosas que ahora sé).
Esa impresión fue el detonante de que haya empezado a crear conciencia de lo que comía.  Todos somos distintos (mis amigos igual vieron al cerdo muerto y ni se inmutaron y se comieron alegremente los tacos), pero al menos a mí empezó a desagradarme la idea de comerme un animal muerto.  De ahí restringí bastante mi consumo de carne, si bien no lo dejé por completo debido a que me daba miedo que me fuera a faltar algún nutriente. 
Fue hasta el 2004, cuando regresando de Juegos Olímpicos de Atenas, y ya con la idea de retirarme del nado sincronizado, que decidí dejar de comer carne por completo.  Además también empecé a practicar yoga de forma regular, y con lo poco que empecé a estudiar sobre filosofía del yoga me convencí de que haría ese cambio.  El motivo principal era uno de los principios éticos que maneja la filosofía yogui que es “ahimsa”, que se traduce como “no violencia”.  Y el matar a un ser sintiente por la razón que sea se considera violento (después escribiré un artículo más detallado sobre este principio). 
Pero sólo dejé de comer carne y no me preocupé por comer realmente sano, por lo que empecé a tener algunas enfermedades que no relacioné con mi manera de comer y mi manera de pensar (en nuestra cultura nunca lo hacemos, pensamos que nos enfermamos por mala suerte).  Por azares del destino encontré información sobre la alimentación crudivegana, y comí de esa manera religiosamente por aproximadamente 7-8 meses.  Mis enfermedades desaparecieron y bajé de peso muchísimo (yo me sentía excelente, pero en nuestra cultura no está muy bien visto estar tan delgada), mi práctica de yoga mejoró demasiado y me sentía en mejor forma que cuando competí en Juegos Olímpicos. Fue cuando sentí en carne propia la importancia de la alimentación en la salud. 
Pero casi enloquecí, sólo pensaba en comer de manera correcta, y mi vida giraba en torno a la comida.  No presté atención a cuestiones emocionales que estaba yo tapando con mi actitud de obsesión por comer bien (especialistas llaman a esto ortorexia). Después entré en una etapa donde, por varias cuestiones emocionales, me vine abajo, y fue un detonador para que buscara refugio en la comida. Decidí soltar mis reglas tan rígidas y enfocarme en mis problemas emocionales.  Volví a los mismos malos hábitos que antes (el pan es mi vicio) y a comer compulsivamente.  Con esto volvieron los problemas gastrointestinales que habían desaparecido y aparecieron muchos kilos de más (15 para ser exacta, en 6 meses), de sentirme ligera y con energía, ahora me siento muy pesada y con sueño todo el tiempo (aun durmiendo 9 horas).  Mi práctica de ashtanga yoga retrocedió varios años (posturas que ya podía hacer fácilmente ahora ya las veo como un sueño lejano)… en fin, incluso aparecieron problemas que no tenía antes, como dolor en las articulaciones de los dedos de las manos, y en los codos.   Todo esto me lleva a la conclusión inequívoca de que somos lo que comemos, y que nuestras enfermedades son un reflejo de nuestros malos hábitos. En mi caso (lo reitero, no a todos nos funciona lo mismo) lo que me mantiene sana y alejada de las enfermedades es una alimentación basada en plantas, con poco ó nada de alimentos de origen animal, nada procesado ó refinado. Básicamente frutas, verduras y semillas. 
Pero así como no soluciona nuestros problemas de raíz el sólo enfocarnos en sanar nuestra mente y nuestra alma sin cuidar de nuestra comida, lo mismo es a la inversa: no podremos llegar a ser la mejor versión de nosotros mismos únicamente prestando atención a lo que comemos sin atender a nuestra alma y nuestra mente.
Poco a poco este espacio lo voy a dedicar a compartir información que a mí me ayudó mucho en este camino de sanación, esperando de todo corazón que a ustedes también les ayude.